El propósito no se encuentra: se construye

El propósito no se encuentra: se construye
Hay una excusa que siempre queda. La más sofisticada. La más difícil de ver. La que suena a sabiduría.

"Todavía no estoy listo."

Esa frase destruyó más potencial que el fracaso. Porque el fracaso al menos implica que intentaste.


La excusa perfecta

"No estoy listo" es la excusa perfecta porque suena responsable. Suena como que estás siendo cuidadoso, maduro, realista.

Pero en la mayoría de los casos es miedo disfrazado de prudencia.

¿Cómo sabés la diferencia? Simple: ¿hay algo concreto que te falta para empezar, o solo te falta la certeza de que va a funcionar?

Si es lo segundo, no te falta preparación. Te falta coraje.

Las excusas más comunes (y lo que realmente significan)

"No tengo tiempo"

Significa: no es suficientemente prioritario. Todos tenemos 24 horas. La pregunta es qué elegís hacer con ellas.

"No tengo dinero"

Significa: no encontré la forma todavía. La mayoría de los cambios importantes no requieren dinero. Requieren decisión.

"No es el momento"

Significa: tengo miedo y estoy esperando que el miedo desaparezca. No va a desaparecer. Nunca es el momento perfecto.

"Necesito aprender más primero"

Significa: estoy usando la preparación como forma de evitar la acción. Hay un punto donde más información no te prepara mejor. Solo te da más razones para esperar.

La excusa más cara es la que suena más razonable.
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Cómo dejar de usar excusas

No se trata de ignorar los obstáculos reales. Se trata de distinguir entre obstáculos reales y miedo disfrazado.

Cada vez que aparezca una excusa, preguntáte: ¿esto es un problema real o es miedo?

Si es un problema real, resuélvelo. Si es miedo, actuá igual.

El momento en que dejás de buscar razones para no empezar y empezás a buscar formas de empezar, todo cambia.
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